Autor: lmwebmaster

  • TRES CAMBIOS

    TRES CAMBIOS

    Cuando todo esto pase hay cosas que habrán cambiado para siempre, se dijo. Yo me mostré escéptico. Cambiar qué? me decía. Cuando pase esta plaga, todo volverá a lo habitual, pensaba.

    Cuando se empezó a hablar de la nueva normalidad yo mantuve mi suspicacia. Pero ahora pienso de manera distinta. He visto que, en efecto, hay cosas que ya han cambiado. Y quizá para siempre.

    Lo primero que me hizo repensar en mi postura fue el ritmo del día a día que fue apoderándose de la rutina. El ritmo doméstico fue imponiendo su potestad sobre lo laboral de manera sencilla y constante. Hábitos otrora vigentes se apuntaron en la lista cotidiana por sí solos y se volvieron costumbre. ¿Costumbre? Bien, pues los veintiún días que dicen asientan un hábito ya han ocurrido trece veces en esta cuarentena.

    ¿Qué he visto volverse hábito? El toque de campana para comer, pero también el desayuno disparador y la cena de clausura; la importancia primera de los niños en la escuela y los trabajos de los adultos tomando pausa hasta su turno secundario; los arreglos y las mejoras domésticas, las recetas innovadoras y las exitosas, volviéndose tema trending en la conversa hogareña.

    Como hace años no lo hacíamos, hoy todos desayunamos, comemos y cenamos juntos a la mesa. Y la verdad es que considero esto una bendición inesperada. El golpe de mano de la familia sobre la empresa, sí, simple, pero contundente. Los gastos para mejoras de la casa, postergados tantas veces y protagonistas hoy con tanta claridad que bastaría con mirar a nuestro alrededor para tener evidencia de esto. Nuestros hogares han mejorado quizá porque es la esencia del ser humano el mejorar su entorno. Tal vez sólo requeríamos poner más tiempo -sin distracciones- para que nuestra naturaleza emergiera reinante a recuperar nuestros hogares de aquellos descuidos y procrastinaciones.

    Los hábitos de compra son también un cambio (éste, quizá sí esperado), donde los individuos y las familias encontraron un canal que satisfizo sus necesidades a pesar de las restricciones a la movilidad. Ha sido una pena leer sobre el millón de pequeñas empresas que han cerrado en lo que va de esta pandemia. Tal vez son las que no han sabido adaptarse a los caminos digitales que la gente empezó a utilizar como medio para encontrar lo que necesita.

    El ritmo doméstico ganador y los nuevos caminos comerciales digitales son dos claros cambios que creo se asientan y refuerzan a resultas de esta pandemia. El tercero es, según mi ver, uno que era tendencia y que se ve cristalizada en hábito, el uso del mobile personal para conexiones para las que se han usado la computadora mayormente, sobre todo las búsquedas en internet y las videoconferencias. Ambas, se ve hoy, tienden a crecer en su uso mediante smart phones.

    ¿Cómo impacta nuestro quehacer profesional y nuestra intención comercial estos tres cambios?

    Ahí está el panorama y nuestra respuesta blowing in the wind hasta que la decodifiquemos y la apliquemos a lo nuestro.

     

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    León Mayoral

    Publicitario miembro de ASPAC

    Por un México bueno, culto, rico y justo.

    direccion@leonmayoral.com

     

  • EL VALOR DE SABER

    EL VALOR DE SABER

    Nuestro tiempo se ha dado en llamar la Era del Conocimiento. Vivimos en la Sociedad del Conocimiento, donde vale más lo que sabes que lo que tienes. Incluso en lo comercial, hay ejemplos tajantes: Estados Unidos cubre su enorme déficit comercial gracias a su conocimiento; su balanza se compensa con el superávit que le da su conocimiento por regalías y honorarios.

    Ante este panorama, cabe reflexionar sobre la educación artística. Primero, será sano ubicar el papel primero de la Educación ante cada individuo: cultivar lo mejor de él, para que se incorpore adecuadamente a la sociedad en la que vive. Pero, ¿qué significa que se incorpore adecuadamente?

    -Que el individuo sea feliz con lo que hace. Que le guste lo que hace y, por tanto, lo haga con gusto.

    -Que el individuo sea pleno. Que lleve a efecto los talentos de los que goza, manifestándolo a los otros.

    -Que el individuo sea proactivo. Que tenga el espíritu para iniciar actividades en bien de la Comunidad.

    Si a la persona sólo se le da una instrucción operativa, sabrá encajar en el engranaje comercial; pero no será un ser pleno porque mucho de sí quedará sin desarrollar. Sin plenitud, se limita la libertad de ser todo lo que uno puede llegar a ser.

    Limitar la libertad lleva a la infelicidad. Y un ser infeliz no ensambla en ningún lado, y se convierte en un lastre social.

    Con nuestro trabajo diario podemos contribuir a la formación de mejores individuos. Esa es la filosofía y la misión, con que varias iniciativas en la ciudad ayudan a edificar mejores individuos.

    Con ese trabajo uno a uno, se ayuda a que cada alumno encuentre su talento; se ayuda a encontrar el talento que lleva dentro, a que lo pula y lo manifieste. Cada vez que eso se logra, ese alumno avanza hacia su felicidad.

    Es hermoso ver que cada día esas escuelas alternativas ayudan a que cada talento se desarrolle en su totalidad hacia su máximo posible. Cada vez que lo logran, tal vez sin saberlo, ayudan a que ese alumno avance hacia su plenitud y con ello, hacia la plenitud de nuestra ciudad.

    La seguridad que se adquiere al conocerse uno mismo y llevar a cabo sus cualidades es inigualable. Conocer sus capacidades y ponerlas en ejercicio aportará la iniciativa necesaria a cada niño y joven que entra en los caminos del arte y la cultura. Así, cada uno se sumará a la edificación de una mejor sociedad.

    Finalmente, como podemos ver, dentro del valor del saber, la educación artística tiene gran importancia, y mucho que ver con la edificación de un mundo mejor.

     

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    León Mayoral

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  • LAS CRISIS DE ABELARDO

    LAS CRISIS DE ABELARDO

    Tuve la suerte de conocer y frecuentar a Abelardo Casanova, profundo pensador contemporáneo, analítico de políticas y sociedades y crítico de posturas tibias y de dobleces.

    Con asidua admiración por su rectitud, por su profesionalismo como periodista y por su claro arte de escribir, repetí una y otra vez los encuentros en su oficina del periódico Información, en la coyuntura de pedir y recibir apoyo a nuestra joven e incipiente brega como músicos y poetas en el grupo Malasangre. Lo que recibimos fueron espacios, imágenes y palabras para contar nuestras razones de ser en la música y la poesía, enriquecidas, ¡y tanto! con aquellos contactos. Estos encuentros que se extendieron más allá de la disolución de aquella iniciativa tan intensa y añorada, ahora en la coyuntura de ser inesperadamente el cuñado de su hija.

    Muchas noches, tardes y mañanas compartía con Don Abelardo, o mejor dicho, bebía yo de Él. Qué anécdotas tan sabrosas para conocer (y atesorar hoy ese conocimiento) sobre los inicios de su profesión que pasó por la actividad publicitaria en una renombrada Delta Publicidad, junto con Armando Cantú y Memo Trunbull, allá por la década de los 70s.

    Recuerdo su columna, Hechos y Palabras, con tantos temas que ayudaron a forjar mi sentido crítico y estético. El ver y observar; el pensar y razonar; el decir y manifestar; el ser vertical, valiente y valioso.

    Recuerdo las pintas en las tapias de su casa de la Aguascalientes, con el famoso “Casanova mientes”.

    Recuerdo las charlas tan sabrosas sobre temas cotidianos que se volvían tan interesantes por las diversas perspectivas que todos los involucrados -sus hijos e hijas, mis hermanos y colegas -aportábamos a la conversa.

    Todo este largo preámbulo sale de natural por el gusto de recordar sus palabras y sus hechos para subrayar aquella idea que repetía: “Desde que tengo uso de razón, siempre he escuchado a las autoridades y los estudiosos señalar que iniciamos una tal crisis; lo he escuchado en el 76, el 82, el 86, el 94… Siempre he escuchado que iniciamos una crisis, pero nunca he escuchado que alguna de ellas acabe.”

    A Don Abelardo poco le tocó experimentar la del 2008 y ya no las que han seguido, la del 18 y la actual del 2020, pero todas se cortan con la misma tijera.

    Todas las crisis inician, pero ninguna crisis acaba. Así que podríamos decir que tenemos todas las crisis traslapadas unas sobre otras, contando casi una decena de crisis acumuladas y coincidentes en nuestra generación.

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    León Mayoral

    Publicitario miembro de ASPAC

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  • PEQUEÑOS PRINCIPIOS

    PEQUEÑOS PRINCIPIOS

    Todo empieza en nada, o, más bien, en casi nada. No precisamente en nada, porque la nada nada es y de la nada nada puede venir. Pero sí que todo, incluso lo grande, empieza por algo pequeño.

    Los principios también tienen ese comienzo; el principio de todo principio es, en principio, algo pequeño. Hasta la meta más grande empieza por algo pequeño.

    A mí, a ti, nada me falta para ser algo en vez de nada. Y no siendo nada, uno es casi todo.

    El principio de todo es pequeño, así también con los principios. Pero así, pequeños, uno ha de protegerlos para evitarles el riesgo de morir apenas comenzados. Debe uno protegerlos como se protege a los niños recién nacidos y que son tan frágiles. Uno ha de avivar la llama del cariño para mantenerlos tibios, ha de cubrirlos con pensamientos adecuados y ha de alimentarlos con conductas pertinentes. Hay una forma de cuidarlos mientras crecen. Y eso ya sabemos hacerlo. Es posible encontrar en las montañas, cuando se están reforestando, unos pequeños tubos que se usan para proteger algo aún más pequeño, los brotes de pequeños árboles con que se reinicia la flora de un monte talado. Pequeñas plántulas son protegidas de esta manera contra los animales que pueden dañarlos.

    Ese mismo fue el inicio de esa hermosa historia conocida que trasciende ya milenios. En su inicio, esa breve llamita fue protegida por actos y conductas que cumplieron en su momento con la función de proteger ese tesoro prometido que luego, con el tiempo se dio en cristalizar para fructificar en profundas intensidades que a la fecha nutren nuestros pensamientos y nuestros corazones. Es curioso pensar que logramos mantener vivo ese principio que luego se volvió un enorme tesoro. Una pequeña cantidad de personas lograron cuidar y atesorar ese principio que se volvió grande y terminó iluminando a una ingente cantidad de personas, a través de milenios y de geografías diversas.

    Creer en los principios, si bien inician pequeños, tener de ellos la confianza plena de que llegarán a algo mayor y dedicarles nuestro cariño, nuestra intención, nuestra voluntad. Así llegarán a grandes.

    Y en ese proceso, cultivarlos con continuidad y constancia. Eso les hará crecer dentro de nosotros mismos y contagiar a otros, creando una atmósfera exterior que los preserva y fortalece.

    Y ya grandes, los principios, se vuelven a favor de quien los ha cuidado y cultivado. Les devuelve entonces confianza en sus propios pasos, por más sinuosos caminos que atraviese. Provoca una comunicación fluida que con entereza va construyendo redes, tramas y tejidos aportando fortaleza a quien los detenta. estimula el crecimiento, de la persona misma, del mismo principio y de las personas a quienes se les ha contagiado y transferido el principio mismo.

    Los principios son ese fundamento sobre el cual se construye la persona humana y que le permite y propicia, provoca y potencia el avance continuado y constante hacia la meta del bien mayor que cada uno y todos persigue con pertinaz, si bien íntimo y personal, afán.

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    León Mayoral

    Publicitario miembro de ASPAC

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