No es nueva la polémica sobre del aborto.

Algunas personas, intelectuales y progresistas incluso, sostienen que la decisión es cosa de las mujeres.

Argumentan que ellas, las agraviadas,

son las que cargarían con la creatura;

por tanto ellas son quienes deben decidir.

A mí me parece

que hemos llegado a una gran superficialidad.

Tal vez son demasiadas cosas frívolas

las que vemos y oímos en nuestro día a día

y de tanto ver y vivir la frivolidad

nos hemos vuelto así, frívolos y superficiales.

Tal vez tanto aire y humo

nos han hecho desprendernos

de la profundidad del ser.

Nos encontramos flotando

en una gran superficialidad.

La polémica sobre el aborto

se ventila a través de los medios de comunicación

sin demasiada reflexión ni pudor.

De escuchar a los defensores del aborto,

puedo concluir tres argumentos

con que defienden el derecho a abortar:

  1. Sólo merece vivir quien esté dentro de las reglas comúnmente aceptadas por la sociedad.
  1. Sólo merece vivir quien ya hoy tiene la garantía de ser alimentado y vestido.
  1. Sólo merece vivir quien ha sido deseado.

Pero, ¿quién de nosotros encaja completamente

en el esquema aceptado por la nuestra sociedad?

  1. …quién no es un hijo sin padre o descendiente de uno así?
  1. …quién no sufrió apuros para ser alimentado en su niñez, en cuerpo y en alma, o desciende de alguien así?
  1. …quién fue totalmente deseado y cumplió toda expectativa de su madre?

 

¿Quién de nosotros ha tenido unos padres

con respuesta a cada pregunta

que les hayamos hecho 

En el otro extremo de la polémica

están quienes condenan el aborto,

y de escucharlos entiendo

que están esencialmente defendiendo la vida;

enarbolan una defensa responsable de todo lo vivo.

Defienden la vida dondequiera que ella esté

y bajo cualquier circunstancia.

Los he oído argumentar

y veo que no votan por dejar solas a madre y creatura.  No, ellos hablan de un problema de todos

que atañe a la comunidad entera.

La sociedad ha de mostrarse responsable

de sus resultados sociales;

ha de colaborar solidaria con la madre

y ver por el bienestar y sano desarrollo de ambos,

de ella y de su hijo;

ha de alimentarlos y protegerlos.

Y siendo un problema de todos,

todos debemos también involucrarnos.

No crea el empresario,

que por no conocer a mujer ni a agresor,

no tiene nada que ver;

no crea el sacerdote que maneja otra grey,

que no le corresponde el caso.

Los progenitores son responsables

de haber dado la existencia a sus hijos.

No crea el maestro,

que por no ser su alumno

el agresor en una violación,

o su alumna la mujer violentada,

no son de su responsabilidad.

No crea el comerciante,

que por no ser sus clientes

los protagonistas de esas historias polémicas,

no tiene vela en ese asunto.

La sociedad, progenitora de sus ciudadanos

-buenos y malos- ha de colaborar solidariamente propiciando medios y apoyos suficientes

para que todos sus hijos

desarrollen su vida con dignidad humana.

Esa sería la mejor actitud y conducta

que nuestra sociedad podría mostrar,

la protección y buen cultivo

de sus frutos, que son la vida humana.

 

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León Mayoral

Publicitario miembro de ASPAC

Por un México bueno, culto, rico y justo.

direccion@leonmayoral.com